El arte, “no debe concebirse de ningún modo como algo puramente secundario o instrumental en la historia de la cultura”[1]. El autor encuentra en el desarrollo artístico un motor del desarrollo del pensamiento y de la civilización.
Apuntes Biográficos[1]: Nació en Maracaibo, Estado Zulia, el año 1925. Realizó sus estudios de Secundaria en el Liceo de Aplicación, el Liceo Fermín Toro y el Liceo Andrés Bello de Caracas. Su título de Licenciado en Filosofía lo obtuvo en la Universidad Central de Venezuela, como integrante de la Primera Promoción de la Facultad de Filosofía y Letras, el año 1950.
El autor en su primer capítulo hace una amplia descripción del cuadro “Las Meninas” de Velázquez, revisando punto a punto y en detalle, las características desde la iluminación y distribución de los elementos, hasta las expresiones y acciones de cada personaje incluido en la creación del pintor español.
A partir de la lectura del los parágrafos 512 y 513 de Voluntad de Poder, y teniendo en consideración lo discutido en clases y las lecturas trabajadas durante el Seminario, en especial la Introducción que hace Danilo Cruz Vélez: El puesto de Nietzsche en la historia de la filosofía; podemos decir que, al Nietzsche partir del “yo” -no del “yo” cartesiano, si no más bien de un yo que “quiere”, que “vive” y que le da valor y sentido al mundo. Este yo no es el “ego cogito” si no el sujeto de los apetitos, las pasiones, los instintos, los impulsos.
Aristóteles en este libro hace referencia a los que le precedieron señalando que el error de ellos fue omitir a la esencia, esta es la que ser “lo que es”, entonces es anterior a los atributos. Por tanto, debieron estudiarla y seguir con sus atributos, lo que hicieron ellos fue estudiar los atributos.
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