Uno de las palabras más usada en los discursos políticos en la historia es “pueblo”, combinadas con arengas y justificando cualquier cantidad de atrocidades y gobiernos totalitarios. En este artículo tomaremos una reflexión que hace Cecilio Acosta sobre la noción de pueblo y cómo este es usado para opacar o aislar a una parte de la totalidad, que normalmente le es útil para hacerse con el poder. Es un tema que no pierde vigencia en nuestra actualidad y que parece amenazar con seguir ocurriendo.
Se puede afirmar que en el siglo veinte la palabra “forma” ha sido entendida como “vida”, pero dicha noción a lo largo de la historia siempre ha traído consigo problemas indisolubles para el pensamiento, dentro de lo que cabe, podemos decir que su gran problema, y el mas clásico es la disociación entre forma y materia que ha habido en la cultura occidental desde siempre y que ha sido tema de discusión desde siempre.
Aristóteles en este libro hace referencia a los que le precedieron señalando que el error de ellos fue omitir a la esencia, esta es la que ser “lo que es”, entonces es anterior a los atributos. Por tanto, debieron estudiarla y seguir con sus atributos, lo que hicieron ellos fue estudiar los atributos.
Aristóteles en este libro nos dice: que lo que llevo a los hombres a realizar sus investigaciones filosóficas fue el ocio – en buen sentido, es el creador-, tomaron primero objetos perceptibles que estaban más cerca, luego fueron ascendiendo hacia mayores para dar cuentas de estos. Resulta entonces, que la labor de los primeros pensadores acerca de las primeras causas es absolutamente por conocer sin más fin que este.
Immanuel Kant nace en Könisberg en 1724, y muere en la misma ciudad en febrero de 1804. Entre sus obras podemos destacar las siguientes –en orden de aparición- “La crítica de la razón pura” (1781), “Cimentación de la Metafísica de las costumbres” (1785), “Crítica de la Razón Práctica” (1788), “Crítica del Juicio” (1790), “La Religión dentro de los límites de la mera razón” (1793) y “Para la Paz perpetua” (1795). Hablar de la vida de Kant es, sin duda, hablar de la vida de un grande de la filosofía. Por lo que nos será prudente dejar este aspecto a un lado, a los efectos de introducirnos al tema de la moralidad “kantiana” y cumplir con el tiempo establecido.
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