Tradicionalmente consideramos la realidad, desde eso “otro” que poco guarda relación con nosotros, aquello que es dado, sin embargo la realidad, comprendida desde lo humano, tiene más que ver con nosotros, con el mundo que hemos creado, con aquello al que le hemos dado significado, que dice algo de nosotros y de nuestro tiempo.
Uno de los términos más importantes que debemos revisar al tratar el tema sobre un sistema o la organización política de un Estado es la libertad. Este será un gran aporte a la reflexión actual sobre esta discusión por parte de Phillip Pettit.
Uno de las palabras más usada en los discursos políticos en la historia es “pueblo”, combinadas con arengas y justificando cualquier cantidad de atrocidades y gobiernos totalitarios. En este artículo tomaremos una reflexión que hace Cecilio Acosta sobre la noción de pueblo y cómo este es usado para opacar o aislar a una parte de la totalidad, que normalmente le es útil para hacerse con el poder. Es un tema que no pierde vigencia en nuestra actualidad y que parece amenazar con seguir ocurriendo.
El autor evoca al principio de su segundo tratado las conclusiones a las que ha llegado en el primero, a saber: que ningún gobernante es beneficiado de una facultad de autoridad sobre los otros hombres desde su origen, en este caso אדם, es decir, si אדם recibió de D-s tal condición en su naturaleza, este no lo heredó a sus hijos y de ser así pues hoy en día no se puede definir que descendiente pudo haberla adquirido. A esto él le llama: “el dominio personal y la jurisdicción paternal de אדם”[1].
En el texto señalan que la base de la filosofía platónica es la presocrática, en el tiempo que aparece dicha corriente filosófica, la educación era labor indiscutiblemente de los poetas y hombres de estado. Sin embargo, esto da un giro cuando aparecen los sofistas, pues ellos se decían educadores de la retórica y de la virtud, luego su papel se torna educativo.
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