Immanuel Kant nace en Könisberg en 1724, y muere en la misma ciudad en febrero de 1804. Entre sus obras podemos destacar las siguientes –en orden de aparición- “La crítica de la razón pura” (1781), “Cimentación de la Metafísica de las costumbres” (1785), “Crítica de la Razón Práctica” (1788), “Crítica del Juicio” (1790), “La Religión dentro de los límites de la mera razón” (1793) y “Para la Paz perpetua” (1795). Hablar de la vida de Kant es, sin duda, hablar de la vida de un grande de la filosofía. Por lo que nos será prudente dejar este aspecto a un lado, a los efectos de introducirnos al tema de la moralidad “kantiana” y cumplir con el tiempo establecido.
Se puede afirmar que en el siglo veinte la palabra “forma” ha sido entendida como “vida”, pero dicha noción a lo largo de la historia siempre ha traído consigo problemas indisolubles para el pensamiento, dentro de lo que cabe, podemos decir que su gran problema, y el mas clásico es la disociación entre forma y materia que ha habido en la cultura occidental desde siempre y que ha sido tema de discusión desde siempre.
En la modernidad, la preminencia de la razón, de lo razonable, desplaza al arte y sus expresiones despojándole de la capacidad de ser conocimiento. La “verdad” como valor supremo de la tradición, puede o no comenzar en la experiencia, pero se manifiesta en juicios, argumentos, definiciones y demostraciones.
Bayer hace referencia a ciertos aspectos en la propuesta estética de Kant articulando los siguientes aspectos:
Es importante antes de introducirnos en el tema que seguimos, hacer algunas aclaratorias. En primer lugar debemos saber que algunas de las palabras que usaremos serán empleadas desde el hebreo. En segundo lugar, que los ritos litúrgicos que describiremos serán los más comunes fuera y dentro de la tierra de Israel.