En trabajos anteriores hemos abordado algunos de los elementos que configuran una estructura republicana y la relación de los ciudadanos con el poder. Sin embargo debemos reconocer que una de las características principales de la deliberación, discusión, encuentro, reencuentro, diálogo y la estimulación de consensos pasa precisamente por una estabilidad que permite una dinámica. Esto es en el caso del filósofo la interpretación y resignificación de nuevas realidades, y en el caso del poder y los ciudadanos la reestructuración normativa.
La realidad, más allá de lo que está fuera de nosotros, puede considerarse como aquello que es construido por el hombre a partir de lo experimentado. La belleza, en un principio, no nace como representación de lo cultural, sino más bien como proporción y simetría. Es decir, no en relación a valores puntuales (heroicidad, etc). Esto muestra que los antiguos tenían consciencia de estas proporciones y simetrías y la usaban de manera intencional.
El horizonte en el que Eagleton hace la aproximación a Nietzsche es desde el marxismo y en reiteradas ocasiones intenta establecer vínculos entre ambas propuestas, aunque reconoce también sus diferencias.
En el paso o transición que se da del paleolítico al neolítico, en cuanto al arte es tomado por muchos como insignificante, sin embargo el hombre da pasos importantes hacia la construcción de un mundo de significados. Uno de gran valor es precisamente la construcción de estas redes de significados que se dan en un pensamiento religioso, más allá de la magia para dar cuenta de ciertos fenómenos o intervenir en las relaciones causales. Esto representa la construcción de una cosmovisión, una teogonía y una teodicea, un entramado.
Para Nietzsche el tema de la moral y la tradición tienen muchos puntos de partida, podemos decir que desde su juventud[1] su reflexión inicial identificaba en la complejidad social, el uso de la doctrina religiosa para influir en el modo de comportamiento de las personas, pero más allá de esto, también hay una pregunta por los usos y costumbres seculares y la tradición.